No conozco todas las bitácoras que se publican sobre Japón. Sí conozco algunas y son contadas las que dedican siquiera unas líneas a contar lo que no les gusta o a hacer comentarios negativos sobre este país. Parece que todo el mundo que aparece por estas islas cae perdidamente enamorado y no hace más que alabar todo lo que aquí viven.
No es ese mi caso. Mis impresiones de Japón son mucho menos positivas y así lo mostraré en estas páginas.
Hoy empezaré con un asunto tratado en una bitácora que a veces es una excepción a esa regla de la laudatio a este imperio: Micko. Predicando en el desierto hablaba el día 24 de febrero de sus dificultades para abrir una cuenta bancaria cuando se carece de “hanko”. Quiero dar aquí algunas explicaciones sobre estos objetos.
Lo primero es cabe decir es que, como bien cuenta Micko, la firma autógrafa es muchas veces un detalle sin importancia en Japón. Lo que de verdad importa aquí es el sello personal, el “hanko”. Pero hay dos tipos de “hanko”: el más formal es el “jitsuin”. Éste se hace a mano y por encargo y es, en principio, único. Puede, además, ser registrado ante el ayuntamiento --un trámite burocrático más al que los japoneses deben someterse-- con objeto de dejar una constancia pública de su pertenencia a uno. Con el “jitsuin”debidamente registrado se ha de firmar el contrato de alquiler en Japón (un proceso que merece muchos comentarios).
El segundo sello personal es el “mitome”. Un “mitome” con un nombre japonés se puede encontrar en muchas tiendas por poco dinero (unos 1000 yen). Se usa para acreditar que se ha recibido un paquete, o para abrir una cuenta bancaria.
Y por último está la firma personal. En algunos casos, el burócrata de turno acepta que uno firme en el lugar correspondiente al “mitome”. Pero los japoneses son poco dados a la improvisación y a tomar decisiones si antes no se han reunido numerosos comités para decidir si aceptan esa sugerencia externa.
Ése es, creo yo, el orden de preeminencia de esta forma de acreditar uno su identidad y presencia.
A un occidental formado en la veracidad de la firma personal el uso del “hanko” no deja de resultarle sospechosa. Tener que fiarse de un objeto pequeño que se compra en una tienda sin necesidad de acreditar en ella la identidad propia es, cuando menos, inquietante.
Cuando yo llegué a Japón, en el instituto de investigación donde empecé a trabajar me tenían preparados dos --sí, dos-- sellos. Uno para mi uso personal, y el otro, que se quedaron ellos, para las tareas administrativas. Yo, recuerdo, pregunté si acaso el sello no era un objeto personal que no se debe dejar en manos de extraños. Sí --respondieron--, pero de este modo todo es mucho más sencillo. Y cuando me fui se quedaron con él.
Mi reacción, creo yo, fue muy japonesa: en lugar de enfrentarme con ellos fui a hacerme mi propio “jitsuin” y a registrarlo en el ayuntamiento. Por supuesto, mis documentos importantes están sellados con éste. Y el sello que ellos me hicieron se ha convertido en mi “mitome”.
No obstante lo dicho, creo que a los extranjeros se nos permiten muchas licencias en el uso del “hanko”. Para muchos japoneses los extranjeros somos únicamente visitantes y, por ello, no tenemos “hanko”. Así que aceptan fácilmente que firmemos en lugar de estampar el “mitome”. Eso cambia cuando el documento implica la residencia del extranjero en este país, aunque sé que hay bancos --o tal vez debería decir sucursales de bancos-- que sí aceptan la forma autógrafa de firma de los extranjeros que quieren abrir una cuenta. Tal vez tan sólo haya que ir a una zona donde la población extranjera sea numerosa, lo que no siempre es cómodo para el usuario.
Lo que sí es casi imprescindible para abrir una cuenta es presentar la tarjeta de estar registrado como extranjero residente (“Alien Registration Card”), que merece un extenso artículo.
Algunos japoneses también se sienten incómodos con el uso del “hanko”. Y si bien la protesta directa no es una actitud japonesa, sí muestran su disgusto y presionan de una forma sutil, con silencios y caras de estupefacción. Así, conozco el caso de una japonesa que quería sacar dinero de su cuenta y no tenía consigo el “mitome”. Ante la insistencia del empleado de turno de que debía imprimir su firma, ella sugirió imprimir su huella dactilar. Y lo aceptaron.

En la figura se pueden ver, a la izquierda, un “mitome”; un “jitsuin”, a la derecha, y la tarjeta de haber registrado el “jitsuin” ante el ayuntamiento (de Kashiwa, Chiba en este caso). Por cierto, esta tarjeta lleva el sello --en rojo-- del jefe de servicio correspondiente del ayuntamiento.
Mañana, más.
Bruno Taut (Katsura.Rikyu@gmail.com)
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